El 23 de septiembre de 1939, mientras Europa se preparaba para los horrores de la Segunda Guerra Mundial, una multitud se congregó en la Feria Mundial de Nueva York. Al mediodía, un proyectil metálico de más de 360 kilos fue depositado en un pozo de quince metros de profundidad.
Su nombre: la Cápsula del Tiempo de Westinghouse. Su misión: sobrevivir durante cinco mil años para abrirse en el año 6939.
Una aleación diseñada para desafiar la eternidad
Para resistir la erosión y el paso de los siglos, los ingenieros crearon el Cupaloy, una aleación de cobre, cromo y plata, sellada al vacío con nitrógeno puro y una envoltura de vidrio Pyrex.
«Hemos confiado a la tierra lo más valioso: el testimonio de nuestros conocimientos, nuestras dudas y nuestra fe en el futuro.»
El mensaje de Albert Einstein
Entre los tesoros conservados, destaca un texto manuscrito de Albert Einstein de 1938:
«Nuestra época abunda en mentes inventivas [...] Sin embargo, vivimos con el temor constante de ser aniquilados por conflictos. Espero que la posteridad lea estas líneas con un sentimiento de justificado orgullo.»
— Albert Einstein (1938)
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De la historia universal a su propio legado íntimo
El deseo de transmitir trasciende las épocas. Hoy en día, gracias a las cápsulas del tiempo digitales, cada familia puede sellar recuerdos y palabras de amor para entregarlas en el futuro a sus seres queridos.



